El IRPF es un impuesto progresivo que puede llegar a superar el 47%, mientras que el Impuesto sobre Sociedades mantiene un tipo general mucho más competitivo (y reducido para nuevas empresas). Si tus beneficios netos anuales empiezan a consolidarse por encima de los 40.000 – 50.000 euros, estructurar tu actividad bajo una S.L. no solo reduce tu factura fiscal, sino que limita tu responsabilidad patrimonial.
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